Quetzalcóatl es una de las deidades más complejas y veneradas de Mesoamérica. Representa el equilibrio entre el cielo y la tierra: una serpiente, símbolo del mundo terrenal, y plumas, símbolo del mundo celestial. Uno de los mitos más conocidos cuenta cómo creó a la humanidad actual.
Descendió al Mictlán, el inframundo gobernado por Mictlantecuhtli, para recuperar los huesos de los hombres que habían vivido en las eras anteriores. El dios de la muerte intentó engañarlo, poniéndole pruebas casi imposibles. Aun así, Quetzalcóatl logró llevarse los huesos. Sin embargo, en el camino tropezó y cayeron, rompiéndose en pedazos.
Pese a ello, los entregó a los hombres y los regó con su propia sangre, dando así origen a la humanidad. Por eso, según los mexicas, los hombres eran de distintos tamaños y fuerzas: los huesos rotos explicaban la diversidad.
Otro relato cuenta que Quetzalcóatl, engañado por los dioses oscuros Tezcatlipoca y sus hermanos, abandonó Tula, su ciudad sagrada, y partió hacia el oriente, prometiendo volver algún día. Este mito tuvo gran impacto siglos después, cuando los mexicas interpretaron la llegada de los españoles como el posible regreso del dios.

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