El Conejo en la Luna


Cuenta la tradición que Quetzalcóatl quiso recorrer el mundo transformado en hombre para entender la vida de los mortales. Caminó por días bajo el sol hasta desfallecer de hambre, sed y cansancio. Cuando cayó al borde del camino, un conejo lo encontró.

El pequeño animal le ofreció un poco de hierba, pero Quetzalcóatl le explicó que no podía comerla. Entonces, con humildad y generosidad, el conejo le dijo: “Si tienes hambre, cómeme a mí”. Conmovido por su sacrificio, el dios lo levantó y le dijo que jamás sería olvidado. Lo alzó hasta la Luna y allí estampó su silueta para que todos los hombres la vieran y recordaran su bondad.

Desde entonces, en las noches de luna llena, se distingue la figura del conejo en su superficie. Este mito es una lección de humildad y entrega, y muestra cómo hasta las criaturas más pequeñas pueden dejar una huella inmortal.

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