El maíz era el alimento sagrado de los pueblos mesoamericanos, pero según el mito, no siempre estuvo disponible para los hombres. Estaba guardado dentro de una gran montaña llamada Tonacatépetl. Los dioses intentaron abrirla con rayos y fuerza bruta, pero ninguno lo logró.
Fue entonces que Quetzalcóatl, convertido en hormiga negra, logró entrar por una pequeña grieta. Con gran esfuerzo cargó un grano de maíz y lo llevó a los hombres. Ellos lo sembraron y, al ver su valor nutritivo, lo convirtieron en la base de su dieta.
Desde entonces, el maíz no solo fue alimento, sino símbolo de vida, abundancia y unión con los dioses. Las culturas mesoamericanas lo veneraron en rituales, dioses y fiestas agrícolas, pues entendían que su existencia era un regalo divino que aseguraba la continuidad de la humanidad.

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