En el Barrio de La Gloria, hace muchos años, vivía una joven conocida por su extraordinaria belleza y carácter fuerte. Era alegre y curiosa, pero también rebelde, sobre todo cuando se trataba de seguir las órdenes de su madre. Una noche, mientras se preparaba para un baile que se celebraba en el pueblo, su madre le prohibió ir. Molesta y orgullosa, la joven le respondió con desafío: “Iré con el primer hombre que se me cruce en el camino”.
Esa misma noche, la joven salió sola y caminaba por las calles oscuras rumbo al baile. Al llegar al viejo puente del Barrio de La Gloria, se encontró con un joven charro, elegante y apuesto, montado en un caballo negro. Él la saludó con cortesía y le ofreció acompañarla al baile. Encantada y sin sospechar nada, la joven aceptó.
Durante la fiesta, los dos bailaron y se mostraron muy cariñosos. Todos los presentes admiraban la gracia de la pareja, pero nadie podía notar que había algo extraño en el joven: su porte era demasiado perfecto, y su mirada tenía un brillo que helaba la sangre. La noche transcurrió entre risas y música, y la joven se sentía emocionada y segura en compañía del misterioso charro.
Al terminar la celebración, el charro se ofreció a llevarla de regreso a su casa. Sin embargo, en lugar de seguir el camino habitual, desvió el caballo hacia una cueva oculta cerca del puente. La joven, al percatarse de esto, quiso resistirse, pero él la arrastró hacia el interior. Fue entonces cuando descubrió la terrible verdad: aquel caballero no era humano, sino el diablo, disfrazado para engañarla.
Entre carcajadas diabólicas, el demonio le reprochó su desobediencia:
—“Esto te pasa por desafiar a tu madre y por decir que te irías con el primer hombre que se te cruzara en el camino”.
La joven quedó aterrorizada y sin fuerzas para escapar. Minutos después, un hombre que pasaba por la zona la encontró agonizando y la llevó a su casa. Entre lágrimas y con un hilo de voz, la joven pidió perdón a su madre por su rebeldía. Pocas horas después, murió.
Desde entonces, los vecinos del Barrio de La Gloria aseguran que, en noches de luna llena, se escuchan pasos, relinchos y lamentos cerca del viejo puente. Algunos afirman haber visto la silueta de una mujer vestida de blanco, bailando con una sombra de charro de pezuñas, recordando a todos que el diablo sigue rondando en busca de su novia perdida.

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