El maguey fue considerado una planta divina por las culturas mesoamericanas, ya que de él obtenían aguamiel, pulque y fibras útiles. El mito relata que la diosa Mayahuel vivía bajo la estricta vigilancia de su abuela, una de las temibles tzitzimimeh, seres estelares que devoraban a los hombres.
Un día, el dios del viento Ehécatl-Quetzalcóatl la convenció de escapar con él para vivir en la tierra. Su amor era puro, pero al ser descubiertos, la abuela furiosa envió a las tzitzimimeh para perseguirlos. En la batalla, Mayahuel fue capturada y muerta. Su cuerpo fue enterrado y de él nació la planta del maguey.
Ehécatl, destrozado por la pérdida, enseñó a los hombres cómo aprovechar el regalo de Mayahuel: de su savia bebieron, de sus fibras hicieron mantos y de sus pencas, techos para resguardarse. Así, el maguey se convirtió en símbolo de fertilidad, abundancia y sacrificio. Este mito muestra cómo los pueblos mesoamericanos interpretaban el origen de los recursos naturales como un acto divino.

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